Hechos 18:24-28
Autor: Jonathan Dzul Sosa
Este pasaje se encuentra justo en el momento en el que Pablo está regresando a Éfeso, ya que con anterioridad se nos relata de él hablando de su retorno (18:21). Durante su viaje, Lucas nos señala que Pablo se encontró a “ciertos discípulos”; el texto no especifica si estos eran únicamente seguidores de Juan el bautista, o también de Jesús, lo que sí sabemos es que habían sido bautizados en el bautismo de Juan.
Pablo, al escuchar las declaraciones de aquellos hombres sobre lo antes comentado, no duda en hablarles claramente de aquél que es mayor que Juan y los profetas, diciendo: “Juan bautizó con bautismo de arrepentimiento, diciendo al pueblo que creyesen en aquel que vendría después de él, esto es, en Jesús el Cristo”. En estos momentos, no nos cabe la menor duda de que Pablo no tenía intenciones de dejar inconcluso lo que estos varones habían recibido. Sin duda, son diversas las observaciones que podemos tener, pero mi deseo hermano, es que nos enfoquemos en lo importante que es transmitir el evangelio y el propósito completo de Dios, y todo lo que él ordena.
Los discípulos que vemos bien pudieron no ser bautizados correctamente, no hablando del bautismo simbólico y sacramental que realizamos; sino del bautismo del Espíritu Santo, que recibimos cuando creemos en el Señor Jesús. ¿Es hoy posible encontrar discípulos en una condición parecida? ¡Claro que lo es! Cuando nos preguntamos acerca de la situación de la Iglesia de nuestros días podemos encontrar hombres y mujeres enteramente capacitados para hablar de la verdad del Señor, pero existen y existirán personas que, como aquellos hombres, necesitarán quien los guíe con mayor exactitud y quien les hable con la sinceridad y honestidad con la que las Sagradas Escrituras deben de ser predicadas y enseñadas. A menudo escuchamos a los líderes de congregaciones preocupados por la falta de entendimiento observado en las bancas, pero lo que en realidad nos debe de preocupar a todos es lo que estamos haciendo para compartir la verdad y la luz del evangelio.
Cuando continuamos leyendo nos damos cuenta que Pablo no únicamente comlo hacía con “denuedo”, siendo esta su labor por dos largos años (v 10). Hoy, mi estimado hermano, te invito a meditar cuáles han sido las oportunidades que has tenido (como Pablo), para compartir el evangelio y enseñar del propósito de Dios y por alguna razón has dejado pasar. ¿Qué harías para poder compartir y enseñar el evangelio con amor y ternura ahora que tienes mayor camino en este sendero y mayor conocimiento de la Palabra? Por otro lado, si estás comenzando en el camino del Señor te invito a buscar todo aquello que te sirva para cumplir la gran comisión que ahora es parte de tu vida y no dejar ir ninguna oportunidad de compartir la vida abundante a través de la predicación de Cristo.
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