Hechos 18:1-8
Autor: Óscar González Castillo
Los historiadores describen a Corinto como la ciudad de la fornicación y prostitución. Algunos dicen que se acuñó un término para referirse al estilo de vida “a lo corintio”, para describir la inmoralidad de la ciudad. Pablo, en su primera carta a los cristianos de Corinto, incluyó por triplicado una fuerte exhortación llamando a estos creyentes a huir de la inmoralidad sexual (1 Corintios 5:1; 6:9, 15-20; 10:18), lo cual es un prueba de la promiscuidad característica de dicha sociedad.
La ciudad también se caracterizaba por la “libertad de culto”. Había templos para deidades griegas, y también para egipcias, incluso los judíos tenían libertad para practicar su religión. La sociedad griega era pluralista y tolerante para con todo estilo de vida y expresión religiosa. Mientras no causaran revueltas o incitaran a levantamientos políticos, se permitía cualquier tipo de expresión religiosa. En resumen, la ciudad eran tan inmoral e idólatra que se le reconoció como la más viciosa del mundo romano.
Teniendo este contexto en mente, ¿no te sorprende que, en este pasaje, son en su mayoría ciudadanos corintios los que recibieron y aceptaron el evangelio de la gracia? Muchos judíos, quienes se enorgullecían de ser los receptores de la ley de Dios y se creían puros por seguir los rituales religiosos, rechazaron tajantemente el mensaje de Pablo; sin embargo, Dios preparó el corazón de muchos corintios para recibir la palabra proclamada. Pablo no consideró que la inmoralidad e idolatría de esta ciudad los haya convertido en personas inalcanzables para el evangelio, es más, tomó la decisión de quedarse ahí por un tiempo, casi dos años, para trabajar y enseñar sobre Jesús. La reputación de la ciudad no fue impedimento ni una limitante atiborrada de prejuicios para estos creyentes comprometidos a proclamar el evangelio.
Ahora bien, la inmoralidad e idolatría siempre han estado presentes en la cultura, sin embargo, me parece que hoy la libertad sexual se celebra como si fuese un culto o religión y ha llegado a ser tan escandalosa como lo fue en tiempos antiguos. Como cristianos creo que erróneamente podríamos pensar que nuestra cultura se ha alejado tanto de Dios que Su gracia ya no es capaz de alcanzarlos. Podríamos creer que aquellos que orgullosamente celebran la libertad sexual, rechazando explícitamente a Dios, están lejos de cualquier tipo de esperanza. Viviendo en esta cultura pluralista, probablemente también nos veamos tentados a concluir que sus corazones están tan endurecidos que nunca aceptarán las buenas nuevas de salvación de quién es Jesús y lo que ha hecho para gloria de Dios y en favor de Su pueblo.
Puede ser que no expresemos audiblemente estas creencias, pero nuestras actitudes demuestran que realmente creemos que hay personas cuyo estilo de vida los hace inalcanzables para la gracia de Dios. Que el relato de Lucas, mostrándonos a Pablo, y otros creyentes, predicar el evangelio a una cultura tan inmoral como la de Corinto nos enseñe que nadie está por encima de la gracia de Dios. Que debemos estar dispuestos a predicar a toda persona, pues el evangelio de la gracia cubre multitud de pecados.

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