C. 26 No. 358 x 43 y 45 Fracc. Monte Albán

La importancia de la preparación para la defensa de la fe.

Hechos 24:1-16.

David Huchim y Maharai González

Recuerdo una ocasión cuando era estudiante de preparatoria, al terminar mi clase de deporte, una amiga y yo teníamos una entretenida conversación como de costumbre, cuando me hizo una pregunta que honestamente no esperaba debido a que ni siquiera era el tema de conversación. La pregunta fue: ¿Por qué eres cristiana? y ¿Crees que es malo no serlo?

Considero que todos en alguna ocasión nos hemos encontrado en circunstancias en las que nos enfrentamos  a preguntas como estas, pero, ¿de qué manera nos estamos preparando para responder? y, ¿qué sobre nuestra manera de vivir? ¿reflejamos con nuestro actuar lo que profesamos?

Veamos lo que dice el apóstol Pedro en su primera carta:

 “Sino santifiquen a Cristo como Señor en sus corazones, estando siempre preparados para presentar defensa ante todo el que demande razón de la esperanza que hay en ustedes. Pero háganlo con mansedumbre y reverencia.”   (1 Pedro 3:15)

 ¿Qué quería decir el apóstol Pedro con esto? Qué nuestro carácter, nuestras actitudes y todo lo que somos debe reflejar el mensaje que proclamamos. En consecuencia, las personas a nuestro alrededor, podrían llegar a cuestionar nuestra manera de vivir, de ahí la importancia de estar preparados para la defensa de nuestra fe y así poder  transmitir esa esperanza que hemos encontrado en Cristo.

Algunos medios que el Señor nos ha proporcionado para prepararnos de manera práctica son a través de la comunidad cristiana, de quiénes podemos recibir consejos, enseñanzas e incluso exhortaciones; por medio de una reunión informal, (en un café, visitas en casas), participando en actividades donde podemos aprender y poner en práctica maneras de compartir el evangelio, leyendo libros de la biblioteca de nuestra iglesia, las clases después del servicio de los domingos donde reforzamos lo aprendido en el sermón y en los cuáles también aprovechamos para exponer ciertas dudas, compartir luchas, aconsejarnos los unos a los otros creciendo en conocimiento y fe, buscando también reflejarlo en nuestra vida diaria. Guiados siempre a la luz de la Palabra.

En la Biblia podemos ver como en Pablo había una coherencia en el mensaje que predicaba y su manera de vivir y esto ocurría debido a que estaba sometido al Señorío de Cristo, y aunque estaba convencido que era el evangelio quien tiene poder para salvación también sabía que su forma de vivir impactaría de cierta forma al momento de proclamar ese precioso mensaje.

Uno de los objetivos de la defensa de la fe que Pablo nos enseña lo encontramos en: (2 Cor. 10:5) “destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo.” Vemos como a Pablo  no solo le interesaba derribar especulaciones con buenos argumentos y fundamentos sino que también procuraba el corazón de sus oyentes; sin embargo, sabía que a causa del evangelio podría encontrar oposición, aflicciones y persecución. El experimentó todo esto, pero, tenía por más alta estima el cumplir la voluntad de Dios porque estaba convencido que nada ni nadie lo podía separar de su amor que es en Cristo Jesús (Rom 8:39) él pudo entender que su vida ya no era suya sino de Cristo, por tal razón no dudaba que al comparecer ante el tribunal de los hombres debía defender el evangelio, porque su lealtad la había transferido a Cristo.

El conocer todo esto nos debe llevar a la siguiente pregunta: ¿Estamos dispuestos y preparados para hacer defensa de nuestra fe?

Si Cristo es tu Señor, estamos en paz con Dios. La defensa de nuestra fe debería ser parte de nuestra vida diaria.

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