Hechos 20:17-24
Autor: Yazmin Sánchez de May
Cuando escuchamos decir que debemos continuar con la obra de Jesús aquí en la tierra quizá nos puede parecer una tarea intimidante por muchas razones, puede ser que nos sintamos incapaces de hacer la tarea de Aquel quien fue santo y perfecto o pensamos que no tenemos las suficientes habilidades o capacidades para hacerlo, sin embargo, su palabra nos alienta a obedecer y confiar en la obra del Espíritu en nosotros para cumplir su propósito.
Hechos 20:17-24 nos muestra la forma en que el Espíritu Santo actuó en Pablo de tal manera que le dio la convicción necesaria para cumplir con gozo la voluntad de su Padre hasta el final.
Un primer ingrediente lo podemos ver en el v. 18 “vosotros sabéis cómo me he comportado…” aquí se hace referencia al TESTIMONIO. Pablo se caracterizó por desarrollar relaciones interpersonales con los que se rodeaba, se involucró con la gente y llevó el mensaje más allá de las palabras a la acción. El v. 19 nos muestra cómo lo hizo ”sirviendo al Señor con toda HUMILDAD…” este es otro ingrediente necesario para servir a Dios. Cuando servimos a nuestros hermanos con humildad, acercándonos con sencillez, anteponiendo sus necesidades a las nuestras, estamos siendo imitadores de Jesús. El apóstol siguió esta norma y este es un elemento clave que debe acompañar la proclamación del evangelio y así tener un testimonio convincente al corazón de las personas. En la actualidad esta es una virtud difícil de lograr ya que el mensaje que el mundo nos enseña es que debemos imponernos, hacer valer nuestra voz reclamando nuestros derechos de cualquier forma hasta alcanzar nuestras metas, cuando nos sumergimos en esta corriente que el mundo nos dicta nos alejamos de su mandato que nos dice “aprender de mí que soy manso y humilde de corazón” Mt 11:29.
Un tercer y cuarto ingredientes ligados uno del otro son la FE y el ESPIRITU SANTO. El v. 22 menciona “voy a Jerusalén, sin saber lo que allá me ha de acontecer, salvo que el Espíritu Santo por todas las ciudades me da testimonio diciendo que me esperan prisiones y tribulaciones…” la determinación y la convicción que tuvo el apóstol Pablo de continuar predicando a pesar de que lo único que tenía garantizado era el sufrimiento, no venían de ñel, fue Dios quien obró en su corazón de tal manera que a pesar de las circunstancias adversas y las consecuencias de padecer por el evangelio siguió confiando en que estaba cumpliendo con la voluntad de su Padre, al grado de darle a su vida poco valor si no estaba ligada al servicio de su Señor.
Cuando nos concentramos en que nuestro servicio es a Dios y para Dios, los malos tratos, el rechazo, las decepciones, no nos deben afectar porque nuestro propósito final es obedecer y agradar a Dios.
Mi vida y tu vida tienen valor cuando servimos a Dios con nuestro testimonio, en humildad, con Fe y sólo mediante la obra del Espíritu Santo es por quien podemos decir “ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.

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