C. 26 No. 358 x 43 y 45 Fracc. Monte Albán

Escucha, discierne y recibe

Hechos 17:10-15

Autor: Abraham Ucán López

Hace tiempo estaba con una de mis sobrinas y platicábamos sobre amar a los enemigos. Su respuesta al escucharme fue la siguiente: “Eso no es cierto, tú lo inventaste”. Yo contesté: “No, no lo digo yo, lo dice Jesús”. Su reacción fue una combinación entre “inocencia” pero también de incredulidad; ella me dijo: “enséñamelo”, así que abrimos la Biblia y su semblante cambió. Para ella no fue sencillo, pero estoy seguro que la palabra de Dios cambió su corazón y también el mío. 

El cristianismo sigue sufriendo a causa de un mal que afectó a la Iglesia y contra el cual se levantaron los reformadores: el mal de la falsa enseñanza y los falsos maestros. América Latina no es la excepción. Vemos infinidad de Iglesias donde es predicado un falso Evangelio. Pablo le advirtió a Timoteo de esta situación: “…vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad”. (2 Ti 4:3-4). Jesús también nos advirtió: Cuidaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces”. (Mt 7:15).   

¿Cómo podemos conocer la sana doctrina?

Los hermanos de Berea, aunque escucharon a Pablo y a Silas, también se dedicaron a ver si lo que estos decían era acorde a las Escrituras, y nosotros necesitamos hacer lo mismo. Te comparto una forma para hacer lo mismo:

  1. Escudriña las escrituras

En Filipenses 1:9-10 Pablo nos invita a crecer en amor, ciencia y conocimiento. Ninguno de estos puntos está aislado, la única manera de crecer en amor es teniendo un profundo conocimiento Bíblico que nos hará amar más la Palabra de Dios y por lo tanto su verdad.

  1. Recibe la palabra con toda solicitud.

Una vez llenos de la palabra de Dios, y por tanto de su amor, y sabiendo qué es lo que Dios ha dicho y lo que le agrada, entonces podemos recibirlo como verdad. Sabiendo lo que verdaderamente Dios ha dicho y ha prometido.

  1. Discierne entre lo bueno y lo malo. 

Este conocimiento en amor nos llevará a discernir de manera adecuada aquello que es bueno y agradable para Dios. Discernir se hará más fácil cuanto más sepamos de Dios y de su Palabra. Yo te puedo dar un buen consejo, pero si este no es Bíblico debes desecharlo, por muy bueno que parezca. 

Esa noche mi sobrina y yo escudriñamos las Escrituras y estas nos mostraron que amar a nuestros enemigos es lo que a Dios le agrada. El Espíritu renovó nuestra mente y nuestros corazones para recibir la Palabra y empezar a amar a nuestros enemigos. Hermano escudriña las Escrituras, discierne lo que Dios sí ha dicho y desecha lo que Dios no ha dicho y recibe esta verdad, ora para que tu corazón sea cambiado para hacer aquello que es agradable a Dios y con ello edificarnos juntos como el cuerpo de Cristo.

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