C. 26 No. 358 x 43 y 45 Fracc. Monte Albán

Escucha a Cristo

Hechos 21:1-16

Autor: Isaac Montalvo Garcia

Que responderías a la siguiente pregunta: ¿Darías tu vida por Cristo? Vamos a aclarar un poco el asunto. Me refiero específicamente con hacer algo por Cristo que podría cambiar la manera en que te tratan los no creyentes, hacer algo para Cristo que podría atentar con la seguridad que tienes de un trabajo, hacer algo por Cristo que podría traer como resultado el sufrimiento santificador de Dios para ti. Ahora adquiere otra dimensión, ¿no es así? Decir que estamos dipuestos a morir por Cristo puede ser muy fácil, pero definitivamente no es sencillo responder con un sí cuando consideramos los escenarios previamente mencionados, pues amamos tanto nuestras vidas que difícilmente haremos algo que pueda desestabilizarlas, aún si fuera por obediencia a Dios.

El relato nos presenta a Pablo en Cesarea, y específicamente en la casa de Felipe el Evangelista. Pablo se encuentra con Agabo el profeta de Judea, que le profetiza que será apresado y entregado a los gentiles en Jerusalén. Por lo que los que estaban con él, le rogaban que no se dirigiera a Jerusalén pues su vida corría peligro, e interpretaron que si Dios le estaba advirtiendo a través de su profeta  era para que no visitara esa ciudad. Sin embargo Pablo debió haber sentido que esta profecía era para su preparación espiritual y no una prohibición, por lo que declara “yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.” Él le habla directamente, pero con amor, a los que querían persuadirlo de quedarse. Tiernamente les dice que no estén llorando para disuadirlo en su decisión. Así que los hermanos al ver la firmeza de su decisión, no les queda más que encomendarlo a la voluntad de Dios.

Tomar decisiones radicales por el avance del evangelio no es fácil, y aún más cuando creyentes cercanos en lugar de animarte, te sugieren que habrán peligros, dolores, complicaciones, y que mejor te quedes en tu lugar seguro. Muchas veces estas personas tienen buenas motivaciones al advertirnos y lo hacen como una muestra de amor. Es posible que desconozcan el llamado personal que Dios te ha hecho, ya que Él convence personalmente a cada uno de sus hijos de su misión de contribuir en su Reino. 

Cristo ha prometido estar con nosotros aun en los tiempos difíciles propios del llamado. Él tambien ha prometido sufrimiento santificador mientras sirves en su Reino. Siempre escucharemos voces tanto de ánimo, como voces de desaliento, pero aun esas voces son necesarias para nuestra dependencia total en Dios. Escuchemos la única voz confiable y autorizada para encontrar descanso y reposo mientras trabajamos arduamente por Cristo y su Santa iglesia.

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