Hechos 25:1-12
Autor: Jonathan Dzul Sosa
Después de dos años de arresto por parte del gobernador Félix, el apóstol Pablo se encuentra nuevamente ante un personaje político llamado Festo, esto debido a las acusaciones de los fariseos en su contra. Las escrituras mencionan que los opositores de Pablo y por lo tanto del evangelio le enfrentaron para acusarle con gran oposición sin lograr probar nada de lo que pretendían. Con todo esto, nosotros como parte del cuerpo de Cristo podemos observar como el apóstol Pablo no solamente se encargó de extender el mensaje de Cristo sino también de vivirlo, él mismo dice en el verso ocho: “no soy culpable de ningún delito contra las leyes judías, ni contra el templo, ni contra el gobierno romano.” Para después categóricamente apelar al césar para ser juzgado, sin embargo, ningún ser humano y ciertamente ningún cristiano podría decir tales cosas en esas circunstancias sin antes estar seguro de tener una conciencia acorde a sus palabras, es decir, una vida de acuerdo con las escrituras. Hermanos, podemos estar seguros de que tales convicciones pueden ser únicamente las de alguien que ha depositado su confianza y seguridad en Cristo. De la misma manera que Pablo, es posible que a lo largo de nuestras vidas como creyentes ciertamente tendremos oposición por parte de todo tipo de personas, muchas veces podemos encontrarla en personas con una autoridad laboral por encima de la nuestra, o en cualquier otro lugar incluyendo nuestra propia familia, pero esto no debe ser motivo para desconfiar sino al contrario, debe ser un motivo para reforzar nuestra fe.
Lo importante estimados hermanos es destacar que la oposición a la cual se enfrentaron no solamente Pablo, sino todos los verdaderos creyentes que nos preceden reside en su convicción por Cristo y el evangelio y no por oponerse o quebrantar la ley. Es por esto, que nuestra motivación debe ser el agradar al Señor de los cielos, no solamente en nuestros lugares de reunión o nuestros hogares, sino de igual forma ante aquellos que todavía no se encuentran en los senderos de justicia que Dios nos ha dado ya a quienes formamos parte de la Iglesia, no olvidando que es menester agradar a Dios antes que a los hombres sin creer que son nuestras obras las que tienen el poder de cambiar la vida de aquellos que aún no forman parte de la fe. Que la gracia de nuestro Señor y Salvador sea con cada uno de nosotros, en todo tiempo, y que la seguridad en nuestro Salvador sea en todos los días de nuestra vida, amén.

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