Hechos 22: 22-30
Autor: Saraí Tun Santana
Todos los hijos de Dios, como Pablo, tenemos la misión de hablar el evangelio de Jesús, que es la Verdad. Esta Verdad de la que el apóstol habló, incomodaba a los judíos fariseos ya que iba en contra de sus intereses, sus costumbres y provocaba su celo, ya anunciado antes, a causa de su idolatría y legalismo: “Me provocaron a celos con quien no es Dios como yo, y me enojaron con sus ídolos indignos. Pues yo haré que ustedes sientan envidia de los que no son pueblo; voy a irritarlos con una nación insensata.” (Deu 32:21).
Los fariseos no podían entender el amor de Dios ni su Gracia, vivían de acuerdo a estrictas normas morales y religiosas, su comportamiento no era fruto de haber experimentado el amor de Dios, sino de una justicia propia basada en sus obras. Pablo había sido uno de esos fariseos, perseguidor de Cristianos, antes de encontrarse con Dios, pero ahora tenía una misión: transmitir el amor y mensaje de Dios a los que no eran su pueblo, para que llegasen a ser pueblo adoptado y amado.
A causa de la misión dada por Dios de ir y predicar a los gentiles, el apóstol, sufrió persecución y fue capturado en diversas ocasiones. Pero, específicamente es este relato, no teniendo ya más argumentos que hicieran recapacitar a las autoridades, apela a su ciudadanía para preservar su vida.
Los motivos del apóstol para seguir con vida, no son meramente personales, ni actuaba con base en el temor, ya que sabemos que para él, morir era ganancia, si no que sabiendo que Dios lo había llamado y dado una misión decide luchar para cumplir ese propósito, no importando si tenía que sufrir por causa del evangelio. “En mi primera defensa, nadie me respaldó, sino que todos me abandonaron. Que no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado y me dio fuerzas para que por medio de mí se llevara a cabo la predicación del mensaje y lo oyeran todos los paganos. Y fui librado de la boca del león.” 2 Ti 4:16-17.
Cada uno de nosotros, que somos linaje escogido, pueblo adquirido, tenemos la misión de anunciar la verdad de Dios, a esa “nación insensata” y como el apóstol hemos sido equipados con lo necesario para llevar a cabo la predicación del evangelio. En el caso de Pablo, para esa circunstancia específica, su ciudadanía romana fue el elemento usado para poder continuar siendo un fiel testigo, en tu caso… ¿que te ha dado Dios para cumplir con tu propósito? “Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia” 2 Pedro 1:3.

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