Hechos 21:17-26
Autor: Óscar González Castillo
Pablo fue un férreo defensor de la gracia de Dios. Unos años antes del evento que se relata en este pasaje, él participó en una reunión con los apóstoles, donde se discutió si los cristianos debían o no cumplir con los rituales judíos (Hechos 15), porque un grupo de personas demandaban el cumplimiento de estos rituales para obtener el favor de Dios. La conclusión fue unánime: la salvación es por gracia, por medio de la fe.
Pablo pudo haber desechado los rituales judíos y vivir sin esas ataduras con tal de no tener cargas adicionales en su labor evangelística a los gentiles, sin embargo, él entendió que la gracia que lo había reconciliado con Dios también lo había reconciliado con los demás, de tal forma que podía amarlos y servirlos aún cuando esto significaba renunciar a ciertas libertades que trae la fe en Cristo. Se podría decir que Pablo estaba experimentando una libertad mejor que simplemente estar libre de ciertas cargas temporales. Él era libre para amar a otros a tal grado de sacrificar sus propias libertades para ello (1 Corintios 9).
Lee con detenimiento el pasaje de Hechos 21. Pablo no tenía por qué ir y ser parte de los ritos de purificación, mucho menos tenía la obligación de pagar los gastos de las personas que hicieron los votos. Entonces, ¿por qué lo hizo? Ciertamente no fue por hipocresía, sino por amor a Dios y a sus hermanos en la fe, y también para testimonio a aquellos que lo odiaban y procuraban su muerte. ¿De dónde aprendió esto Pablo? Él mismo explica de dónde lo aprendió y por consecuencia la fuente de su motivación. En Filipenses 2:1-11, Pablo describe cómo Jesús, siendo Dios, no se aferró a su majestad y gloria, sino que se humilló para hacerse hombre e identificarse con aquellos que vino a salvar.
No hay mejor ejemplo, ni motivación para hacer lo que Pablo hizo, ni para que nosotros hagamos lo mismo. Cuando abrazamos a Jesús como nuestro mayor y mejor tesoro, entonces también abrazamos y atesoramos lo que Él hizo como nuestro objetivo. Rendir nuestras libertades por amor a Dios y a los demás, aún cuando esto implique dolor, no es masoquismo, ni estoicismo, sino una respuesta a la gracia salvadora de Dios. Pensar primero en nosotros, en lo que vamos a conseguir o la reputación que podemos obtener puede llevarnos a hacer lo mismo que Pablo hizo; pero Dios ve las intenciones de nuestro corazón y, tal como sucedió con Caín y Abel, recibirá con agrado aquel sacrificio que brota de un corazón agradecido y transformado por la gracia recibida mediante la fe.
Recordemos que Dios no se agrada solo en el fruto, sino que, viendo al hombre de forma integral, se agrada de la fe que brota del corazón transformado que produce frutos de amor y servicio a otros, incluso si esto implica sacrificar ciertas libertades con tal de guardar a sus hermanos de pecar o llamar a los no creyentes al arrepentimiento y fe en Cristo Jesús.

Add Your Comment