Hechos 15:22-35
Autor: Isaac Montalvo Garcia
La comisión dada a Judas y a Silas tenía un propósito de unificación, y que fuera el Espíritu Santo quien les guiaría a la obediencia. La carta del concilio de Jerusalén iba dirigida sólo a ciertas iglesias, que al parecer tenían un gran componente judío. El enumerar sólo algunas regiones demuestra que no se entienden como reglas para todas las iglesias gentiles. La carta tenía únicamente propósitos amistosos y evangelísticos, ¡no eran directrices éticas o para la salvación! Esta porción bíblica muestra que la iglesia en Jerusalén se había dado cuenta de que algunos de su membresía, sin autoridad o carácter oficial, se habían ido de viaje misionero a estas iglesias e hicieron exigencias de conformidad con la ley mosaica. El verbo “anaskeuazō” utilizado es un término militar fuerte que aparece sólo aquí en el Nuevo Testamento para indicar el saqueo de una ciudad.
Ante estas circunstancias deciden reunirse, dialogar y de común acuerdo enviar esta comisión, esta unidad entre los creyentes era una característica de la presencia del Espíritu Santo. Podemos notar que esto no significaba que no hubiese discusión o intercambio de fuertes opiniones entre el liderazgo, pero después de dilucidar totalmente el asunto, los creyentes llegaron a un común acuerdo. Este acuerdo teológico unificado era necesario para darlo a conocer en el extranjero, dada la misma tensión y el argumento de que no volviera a ocurrir otra vez.
La iglesia de Jerusalén había adoptado una postura oficial sobre el contenido del evangelio y sus implicaciones para los gentiles. Dios estaba presente en esta importante reunión y ¡mostró su voluntad a través de la discusión! El Espíritu Santo es quien produce la unidad. Aquí los dos aspectos de pacto bíblico se pusieron de relieve: la actividad y la adecuada respuesta humana y divina. Consideremos que era un compromiso, cada una de las partes tenía algo que aportar. El evangelio de la sola gracia y la sola fe fueron afirmados, respetando la sensibilidad judía.
La tarea encomendada a Judas y Silas fue: 27 Así que enviamos a Judas y a Silas, los cuales también de palabra os harán saber lo mismo. 28 Porque ha parecido bien al Espíritu Santo, y a nosotros, no imponeros ninguna carga más que estas cosas necesarias…” Esto no se relaciona con la salvación personal sino con el compañerismo entre los creyentes judíos y los creyentes gentiles en las iglesias. Para los gentiles esto significó una ruptura total con su pasado idólatra. La libertad cristiana y la responsabilidad son difíciles de equilibrar, pero es necesario. ¡Las prácticas paganas previas involucraban estos tres elementos excluidos! Lo esencial se muestra de diferentes maneras en los distintos manuscritos griegos. La verdadera pregunta es: ¿a qué se refieren? Podemos considerar lo siguiente:
1. En cuanto a las cosas sacrificadas a los ídolos podría referirse a la carne (1 Corintios 8; 10:23-33).
2. La sangre podía relacionarse a:
a. cualquier carne no kosher.
b. homicidio premeditado.
3. Lo ahogado debe referirse a las maneras no-kosher de matar a los animales, lo que implica que los dos anteriores también se refieren a la sensibilidad judía para con los alimentos (Levítico 11).
4. La fornicación puede referirse a:
a. la participación en ritos paganos de adoración (así como la comida).
b. las leyes del Antiguo Testamento del Levítico contra el incesto.
Todos estos “elementos esenciales” no se refieren a la salvación, sino a la comunión en las iglesias mixtas y a mayores oportunidades para el evangelismo entre los judíos. Así que la respuesta de la iglesia al escuchar la carta fue de gozo por la libertad y consuelo que sólo produce el Evangelio de Gracia.

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