C. 26 No. 358 x 43 y 45 Fracc. Monte Albán

Todo momento es bueno para discipular. 

Hechos: 11: 22-26

Autor: Antonio Pool Cab

Durante mi formación profesional gran parte de la enseñanza fue tutelar. Por un periodo de tiempo se nos asignaba un maestro, al cual debíamos acompañar prácticamente a todos lados: a sus rondas por el hospital , cuando revisaba a los pacientes , en las cirugías , a desayunar, inclusive, en ocasiones,  le teníamos que traer el café o el periódico. A cambio de ello el maestro nos compartía conocimientos adquiridos a lo largo de años de práctica profesional,  lo cual complementaba la enseñanza teórica adquirida en las aulas y los libros. 

Este tipo de enseñanza es muy común en varios oficios y profesiones. Es sin duda, una manera eficaz de guiar el desarrollo  de la persona , la cual estaría expuesta a cometer una serie de errores , en ocasiones muy costosos, como resultado de su inexperiencia.

Los discípulos fueron instruidos (discipulados) por Jesús a lo largo de su vida diaria: le escucharon predicar, le vieron sanar enfermos, expulsar demonios, le vieron orar y observaron su dependencia al Padre. Sabían por lo tanto que el acompañamiento de los nuevos creyentes era muy importante. Y por lo tanto esta era un área vital para el sano crecimiento de la iglesia.  Esto tomaba mayor importancia cuando el evangelio se estaba predicando por primera vez fuera del pueblo Judío. 

El no guiar a estos nuevos creyentes hacia un un crecimiento firme en la sana doctrina y la vida cristiana significaría un enorme peligro para la iglesia. La gran comisión no solo consiste en predicar el evangelio , si no también en hacer discípulos.

El acompañamiento en la iglesia no consiste solo en reunirnos para adorar juntos  o escuchar la exposición de la palabra por parte del predicador.  Tampoco es estar presente solo en el aspecto social o fraternal , si no en hacer de cada una de éstas ocasiones de una oportunidad para crecer juntos en el conocimiento de las verdades bíblicas . El discipulado incluye todo lo que hacemos de manera intencional para guiar al nuevo creyente en su crecimiento en el conocimiento de la palabra, en santidad  y obediencia . Es un proceso para guiar al creyente hasta ser semejante a la Imagen de Cristo.

En el hogar cristiano este discipulado es responsabilidad primaria de los padres, pero cuando se trata de un nuevo creyente es responsabilidad de la iglesia el tener personas fieles al evangelio, llenos del Espíritu Santo , que  encuentren gozo en ser partícipes del crecimiento de estos nuevos creyentes para guiarlos por la sana doctrina y en su diario vivir de tal manera que sus vidas reflejen una vida transformada por el evangelio y la presencia de Espíritu Santo.

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