Hechos: 11:27-30
Autor: Lorena Amaya Gamboa
La porción bíblica de hoy nos muestra el apoyo y compromiso que tenían los primeros cristianos entre sí, cuidando no solamente el aspecto espiritual sino la necesidad física también, a pesar de encontrarse en lugares lejanos.
He tenido la oportunidad de servir y ayudar al prójimo en diferentes ambientes, en la escuela con mis alumnos de psicología de manera laica, y en organizaciones cristianas, pudiendo comprobar la diferencia en el alcance que se puede dar.
Al trabajar de manera colaborativa con mis alumnos ya sea en comunidades escolares, poblados, casas para adultos mayores, centros de salud mental o de inserción social, se trabaja de manera “integral” y tanto los alumnos como las personas que participan en las actividades se sienten bien, están agradecidos y dispuestos a efectuar cambios para mejorar su salud mental, siempre siguiendo un enfoque humanista donde la persona es capaz de lograr cambios solo si se lo propone y lucha por ello. Esta es una ayuda importante pero vacía, a mi parecer.
En varias ocasiones tuve la oportunidad de compartir con los alumnos mi postura religiosa y mis creencias, dejando claro de dónde venía mi amor y servicio para el prójimo y cómo ese estilo de vida podría traerles cambios.
En una ocasión colaboré con la iglesia del Ejército de Salvación, en Canadá, y tuve una experiencia única. La fila de indigentes y gente hambrienta era larga para esperar un plato de sopa caliente y un pan antes de ir a su espacio en la calle para dormir; pero antes de pasar por los alimentos deberían estar presentes en un servicio religioso donde se presentaba el evangelio, se leía la palabra de Dios y se oraba con el necesitado. Se puede pensar que muchos de ellos, con tal de comer, se esperaban el sermón, y podían engañar, pero otros se acercaban con corazones dispuestos y arrepentidos para transformar su vida; los oficiales del Ejército de Salvación daban testimonio de ello.
El Ejército de Salvación era ampliamente reconocido por este servicio. En este caso sí puedo afirmar que el cambio era integral y su alcance iba más allá de la ayuda que se daba a los miembros de la iglesia.
Y para responder la pregunta de si sólo nos debemos preocupar por la iglesia, te comparto unas palabras por Cynthia Ruble, que lo resumen todo:
“Jesús dejó claro que salvar una oveja perdida lo vale todo. Como cristianos, queremos amar a nuestros vecinos y traer bendiciones prácticas a la mayor cantidad posible, pero sólo el evangelio de la gracia tiene el poder de salvar. Al final, el mayor problema de todos es su necesidad de recibir perdón de Dios de su propio pecado (por ejemplo, Mt 9:1-8). Sin esta mentalidad, corremos el peligro de ayudar a las personas a caminar por un camino amplio que conduce a una mejor vida aquí, pero al final, a la destrucción.”

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