Hechos 15:36-41; 16:1-10
Autor: Jonathan Dzul Sosa
Después de una importante labor de Pablo y Bernabé con los gentiles, podemos apreciar en los siguientes pasajes la convicción de éstos para continuar con el cuidado y atención de la Iglesia. A pesar de las diferencias entre los siervos de Dios antes mencionados, es innegable que ambos, aún separados, prosiguieron a la meta que es glorificar a Dios.
Bernabé, junto con Juan conocido como Marcos, partió hacia Chipre, mientras que Pablo y Silas fueron rumbo a Siria y Cilicia. Hasta este momento se aprecia algo simple pero importante que todo creyente debe tomar en cuenta en su vivir cristiano, y es proseguir a la meta, proseguir hacia nuestro deber, proseguir predicando el Evangelio. Todo lo anterior sin importar las diferencias entre las que nos podamos encontrar, sin desistir, no porque Pablo o Bernabé no lo hayan hecho como esta vez, sino porque Cristo mismo, no desistió en su forma de hombre para el perdón de nuestros pecados y la resurrección postrera.
Luego, como si fuera poco, el apreciar la madurez que viene a nuestras vidas rendidas al Soberano tomando como ejemplo lo que había sucedido, nos encontramos con la mención de aquél que sería encargado de una parte importante de la Iglesia, el joven Timoteo, quien anduvo con Pablo quince años antes de ser escrita la primera Epístola de Timoteo. Lo hermoso de esto no es únicamente el trayecto de la vida de este varón, sino la manera en la que se nos relata lo que aconteció una vez haber decidido seguir el camino que Dios, a través de Pablo, le había dado. No sabemos cómo fue, ni en qué términos quedaron, pero vemos claramente que hubo una fuerte deseo de obedecer el llamado de Dios.
Mis estimados hermanos ¿qué es lo que verdaderamente motivó a Pablo y Bernabé? ¿Qué fue lo que en realidad fue suficiente para que Timoteo tomara ese camino? Las Escrituras nos revelan la razón. A partir del verso seis, es evidente que las decisiones de los hombres de los que estamos hablando, son un resultado de los propósitos de Dios. No sabemos qué medio uso el Señor para prohibirle a Pablo hablar del evangelio en Asia, ni tampoco el motivo por el cual no se les permitió seguir hacia su camino a Bitinia, pero lo que sí sabemos es que seguían exactamente lo que el Espíritu Santo les mandaba. Hermanos, esto es lo que en realidad hacían todos aquellos ministros del Dios Trino: SEGUIR LA VOLUNTAD DEL SEÑOR, no importando nada más que la adoración por medio de la obediencia.
Hoy en día tenemos, no una visión como la del joven macedonio, sino una revelación completa. Tenemos la sagrada Palabra de Dios, cumplamos su voluntad. ¡Anunciemos el Evangelio!

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