Hechos 26:1-18
Autor: Óscar González Castillo
¿Cuántas veces dio explicaciones Pablo? ¿Cuántas veces relató la misma historia? ¿Qué resultado obtuvo de todas aquellas explicaciones? Cuando me pongo en el lugar de Pablo tiendo a pensar: ¡qué pérdida de tiempo! ¡Ya lo explicaste varias veces, no has obtenido resultados, esas autoridades corruptas no están valorando el mensaje, no le tires perlas a los cerdos!
Para entender a Pablo y sus acciones tenemos que irnos a la raíz, a su motivación. El motivo por el cual continuó hablando incansable e incesantemente ante las autoridades era simple: presentar a Jesús como el centro de toda historia personal (26:12-15). La prioridad de Pablo no era demostrar su inocencia o mostrarse como un hombre piadoso con tal de ser liberado, sino presentar el evangelio de la gracia de Dios en Cristo, que transforma corazones, libera de la esclavitud al pecado, introduce a las personas al reino de Dios y asegura una herencia eterna e incorruptible (26:16-18).
Así que la prioridad del creyente no es cómo se verá si hace esto o aquello, o si dice esto o lo otro. Tampoco es si dejará un legado o no, o si su reputación será mejor o peor. La prioridad del cristiano en toda esfera de la vida es exaltar a Jesús y presentarlo como el único que merece honor y honra. Habiendo dicho lo anterior, y asegurado la motivación correcta, ¿qué aprendemos de Pablo sobre ser testigos fieles que ponen a Jesús en el centro y no a ellos mismos? Permíteme señalar cuatro aplicaciones:
Primero, habla de forma respetuosa con los que no creen (26:1-3). Pablo fue especialmente respetuoso con las autoridades incrédulas y aún cuando levantó la voz ante el sumo sacerdote inmediatamente se retractó (23:1-5). Hacer esto viene de un corazón que ha entendido la gracia de Dios y en respuesta a ella habla con respeto y generosidad ante sus interlocutores.
Segundo, expresa lo que era no confiar en Jesús (26:4-11). Cuando enfatizamos el cambio experimentado por gracia le damos la oportunidad al oyente de contrastar el pasado y el presente. Conecta con las luchas de tu oyente, sobre todo porque tu también luchas con cosas similares
Tercero, asegúrate que no se convierta en una historia sobre ti (26:12-15). La historia del camino a Damasco es, al final de cuentas, una historia sobre Jesús y no sobre Pablo. Evita centrarte en lo mejor persona que crees que eres, y enfatiza lo maravilloso de la gracia de Dios en Cristo.
Cuarto, detalla la necesidad y las bendiciones del evangelio (26:16-18). Todos necesitamos el evangelio día a día, así que no hagas a un lado esa necesidad de identidad, propósito, satisfacción, etc. Si conoces a la persona sabes con qué lucha, así que habla honestamente de la naturaleza pecaminosa del hombre, muestra cómo nuestra cultura quiere suplir su necesidad de Dios con otras cosas. En otras palabras, muestra cómo su vida grita que necesita la gracia de Dios, pero también muestra las grandes bendiciones de abrazar a Jesús como Señor y Salvador.

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