Hechos 18:18-23
Autor: Isaac Montalvo Garcia
Algo característico de la vida de Pablo como misionero es su pasión por las personas a quienes él mismo enseñaba y ministraba. Frecuentemente lo vemos pasando tiempo en las iglesias de las comunidades que había evangelizado, y podemos suponer que Pablo era amado por los creyentes y él disfrutaba quedarse mucho tiempo con ellos. En esta porción lo comprobamos, cómo después de estar por un tiempo en Corinto decide irse rumbo a Siria, para finalmente llegar a Éfeso.
El relato nos presenta a Pablo en Éfeso discutiendo en la sinagoga con los judíos. Pablo amaba a su pueblo así que trató con insistencia de llegar a ellos con el evangelio que había cambiado radicalmente su vida. Podemos notar la pasión de Pablo en respuesta al llamado de Dios de ser ese Apóstol a los gentiles
Estos judíos eran como los de Berea. Estaban dispuestos a escuchar. Pero, ¿por qué Pablo no estaba dispuesto a quedarse? No se afirma en el texto, pero sí en el versículo 21 donde se expresa que estaba dispuesto a volver en una fecha posterior para continuar enseñándoles. Creo que tomar una decisión así no sería nada fácil, pues los judíos estaban dispuestos a seguir siendo enseñados y confrontados, y aún más por lo que dijimos que él tenía un gran amor por su pueblo. Sin embargo él se movía por la dirección del Espíritu Santo así que se determinó a partir, a pesar del dolor que pudiese causarle. Así que las palabras de Pablo “otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere” muestran que él creía firmemente que su vida estaba en manos de Dios, no en las suyas.
Debemos reconocer que cuando nos encontramos en circunstancias similares, entre continuar sirviendo a Dios en un lugar específico y en moverte a otro lugar para servirle también, no es nada sencillo. Tomar decisiones sabias radica en vivir en dependencia de Dios, de su Espíritu Santo y esperar que Él nos muestre la prioridad y nos de paz al tomar la decisión, como lo vemos en la vida de Pablo.
Pablo decide obedecer a Dios dejando Éfeso pero sabemos por las escrituras que eventualmente regresó, ya que Éfeso se convertiría en el campamento base para su tercer viaje misionero. Roguemos a Dios que si algún día nos encontramos en una circunstancia similar estemos dispuestos a ser obedientes a la voz silenciosa del Espíritu Santo y no “estorbar” la voluntad de Dios con nuestra necedad de corazón, porque al final de cuentas se cumplirá la perfecta voluntad de Dios a pesar de nuestras malas decisiones.

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