Hechos 17:1-9
Autor: Óscar González Castillo
Hablar de la Biblia o el cristianismo suele desembocar en discusiones e incluso despierta cierto menosprecio hacia el originador del tema. Ciertamente se ignora que a lo largo del último milenio el cristianismo bíblico ha reformado, para bien, la sociedad y cultura occidental. Así pues, los calificativos y objeciones al cristianismo son muchos, por ejemplo: “el cristianismo es exclusivista por lo tanto no tiene cabida en un mundo pluralista”, “la Biblia es un libro antiguo y por tanto sin relevancia en el mundo moderno”, “el cristianismo es retrógrada e impide el avance y progreso de la sociedad”, etc.
En el pasaje que estamos considerando hay un calificativo contra el cristianismo que bien podría ser el eslogan de un movimiento anticristiano: “¡Estos que han trastornado el mundo entero…!” Esta frase no fue dicha con la mejor intención, al contrario, fue dicha para acusar a los cristianos de ser revoltosos, insurrectos, revolucionarios, antagonistas de la cultura y costumbres del lugar. Pero, con su narrativa magistral, Lucas presenta la gran ironía: los que hicieron esta acusación fueron los que armaron revueltas, alteraron el orden público y levantaron falsas acusaciones contra Pablo, Silas y los recién convertidos al cristianismo.
La realidad es que el mensaje que Pablo proclamó está lejos de desequilibrar el mundo, al contrario, su objetivo es llevarlo a su correcto funcionamiento, y por ello se obtienen generalmente dos tipos de respuestas al evangelio y, en consecuencia, a las personas que lo proclaman: aceptación o rechazo. Centrémonos en la segunda respuesta. ¿Por qué se rechaza el mensaje de evangelio? Este pasaje presenta tres razones:
- Porque proclama a Jesús como Rey (verso 3). Este es un asunto de lealtad y el hombre tendrá que decidir entre dar su lealtad al verdadero Rey o entregar su lealtad a otros señores. Nuestra sociedad se ha rendido a varios amos y el mensaje cristiano confronta a los dioses de la época, demandando una respuesta del ser humano.
- Porque los ciudadanos del reino basan su fe en la Biblia (verso 2). Muchos señalan que un libro tan antiguo ha perdido relevancia para nuestros tiempos, pero las Escrituras que usó Pablo ya tenían cientos de años, y aún así sacudieron el mundo. Hoy, esas mismas Escrituras siguen siendo relevantes y necesarias.
- Porque la ética del reino de Cristo es contraria a la cultura (versos 5-9). Hay un contraste impresionante entre los actos vandálicos de los enemigos del cristianismo y los actos de los creyentes. La ética del reino debe ser un distintivo de sus ciudadanos: no responder mal con mal, generosidad radical, servicio a quienes son difíciles de servir, relaciones basadas en la gracia, etc.
El cristiano no trastorna al mundo siendo revolucionario, revoltoso o crítico del sistema, sino proclamando al verdadero Rey y modelando la ética del reino revelada en la Biblia. El cristianismo reforma las vidas de las personas que creen en Jesús como Salvador y Señor y, al hacerlo, produce un nuevo hombre que impacta las esferas en las que se desenvuelve.

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