Hechos: 12:1-19
Autor: Isaac Montalvo García
Uno de los pecados que todos compartimos a causa de la caída es dudar de Dios. Así que una evidencia práctica de esta incredulidad es la vida de oración del creyente en Cristo.
Todos nos hemos sentido incómodos ante la pregunta ¿Oras todos los días? Generalmente se lanza al aire y nadie la responde, evitando la vergüenza y el temor a las miradas de los demás ante un “no” como respuesta. Ahora, debemos señalar que orar como una simple conducta no siempre es evidencia de una fe completa a Dios.
El relato de hechos 12 nos presenta a la iglesia siendo perseguida por Herodes, maltratándoles, matando a Jacobo y llevando a Pedro a la Cárcel. Ante esta difícil circunstancia, la iglesia hizo lo que Cristo les había enseñado: “Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él” (verso 5). Podemos notar que se reunían en casas para interceder por Pedro y toda esta difícil situación que ponía en riesgo su vida. Aun cuando la intención de Herodes era sacarlo pronto, Dios envía un ángel a liberarlo como una muestra a su iglesia de Su poder y respaldo. Así que sorprendido aún el mismo Pedro, decide ir a donde estaban todos reunidos orando: “Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando” (verso 12). Rode atiende el llamado y reconoce que es Pedro, sin embargo no pasa así con los demás: “Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: !!Es su ángel! Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos” (versos 15-16).
A decir verdad, no era un suceso común, sin embargo, ellos habían estado perseverando en la oración por un milagro para Pedro, y cuando es concedido ellos no lo creyeron, quedando sorprendidos, dudando del mismo Dios al que oraban. Este momento en la iglesia primitiva se repite constantemente en nuestra iglesia contemporánea. Por un lado muchos tenemos una vida de oración por diferentes motivos piadosos y cuando, en la providencia de Dios, nuestra oración es contestada según nuestro deseo, no podemos negar que en muchas ocasiones nos quedamos en incertidumbre mostrando así nuestra falta de fe.
Por otro lado algunos hemos cesado de practicar la gracia de la oración porque la verdadera raíz es incredulidad a Dios y eso es pecado. Así que hemos practicado el pecado de la incredulidad y no nos hemos dado cuenta de que esa es la raíz, y no las excusas comunes que utilizamos como “no tengo tiempo”, “se me olvida”, “me quedo dormido” y otras más.
Por tanto hermanos debemos arrepentirnos, abrazar la gracia del perdón en Cristo y retomar la batalla contra nuestra incredulidad en todos los aspectos de nuestra vida, incluida nuestra vida de oración.

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