C. 26 No. 358 x 43 y 45 Fracc. Monte Albán

¿Cómo resolver conflictos dentro de la Iglesia?

Hechos: 11:1-18

Autor: Abraham Ucán López

Los conflictos son algo a lo que nos enfrentamos frecuentemente. Estos pueden ocurrir en diferentes lugares y bajo diferentes circunstancias. Y ciertamente, la iglesia no está exenta de ellos.

Pueden haber conflictos por ciertas posturas doctrinales, pero la realidad es que lo más común es experimentarlos por asuntos triviales y diferencias en gustos o preferencias. Santiago tiene razón cuando dice que los conflictos surgen por deseos que se han convertido en demandas  (Stg. 4:1-4).

¿Por qué hacerlo?

Debemos hacerlo por y en obediencia, así como por amor a Dios. Dios desea que todo se haga en orden. (1 Corintios 14:40) Y el conflicto trae desorden dentro de la Iglesia. Si predicamos un evangelio de Paz debemos vivir en y con paz con nuestros hermanos. 

Aunque debemos de ver los conflictos como oportunidades para glorificar a Dios y servir a nuestros hermanos (Gál. 5:22), la falta de interés en resolverlos o resolverlos de mala manera no agrada a Dios. La marca de un verdadero cristiano es ser un pacificador (Mt. 5:9).

¿Cómo hacerlo?

1. Ora. Debemos pedir la guía de Dios en medio de la resolución de un conflicto, para ser moldeados y para saber cómo podemos resolverlo de una manera que le honre (Stg. 1:5). Solemos buscar nuestra honra y vindicar nuestra honor antes que el de Dios.

2. Evalúa las circunstancias. Un conflicto debe ser resuelto lo más pronto posible, pero en ciertas circunstancias es mejor esperar. Considera hacerlo en un momento prudente. Piensa qué dirás, cómo lo dirás, en dónde lo dirás y hasta cuánto tiempo tardarás. 

3. Pide consejo. Es probable que en algunas circunstancias no sepas cómo resolver un conflicto o a probablemente lo has intentado sin éxito. Acércate a personas que amen a Cristo y pide consejo. 

4. Sigue el orden bíblico. Lo primero es hablar a solas con la persona (Mt. 18:15-17). La mayoría de los conflictos se resuelven uno a uno. Si no es el caso sigue el orden que Jesús estableció.

5. No olvides que la otra persona es tu hermano (Mt. 18:15-17). Esto es algo que fácilmente se olvida. El conflicto no es con cualquier persona sino con tu hermano por quien Cristo murió y cuyos pecados pagó.

Oremos para que Dios nos dé la gracia para ser humildes y reconocer cuando nosotros estamos provocando un conflicto. Oremos también por gracia para extender perdón, paciencia y misericordia cuando nuestro hermano peque contra nosotros.

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